27 de septiembre de 2022

CAMPO CUATRO:NO HUBO CUPÓN CERO.

Terminó el sexenio de José Ignacio Peralta Sánchez en medio de un desastre financiero. Pero, en lugar de ser explicado o asumido con vergüenza, este fracaso produjo la narrativa victimista del propio mandatario saliente, por un lado, y por otro el discurso cínico del hoy diputado local Carlos Noriega.
Noriega García fue secretario de Finanzas la mayor parte del sexenio de Peralta, incluido el gobierno interino de Ramón Pérez Díaz. Junto con Kristian Meiners en la cartera de Administración, y de Arnoldo Ochoa como secretario general de Gobierno, Noriega fungió como adelantado de quien, formalmente, no era sino un candidato más a la gubernatura en la extraordinaria que siguió a la anulación del apretado triunfo de Nacho sobre Jorge Luis Preciado.
Se fue Peralta, pero se queda Noriega renegando porque, al cuarto para las 12, la gobernadora electa declinó avalar una nueva emisión del cupón cero. Este instrumento, supuestamente, le habría permitido al mandatario saliente cumplir sus compromisos salariales.
Ya con un pie en el Ayuntamiento de Colima, el aparato de comunicación peraltista organizó en esa última semana del sexenio otra operación de nado sincronizado, esta vez para echarle en cara al gobierno federal no haber entregado una aportación final que habría dado liquidez a la administración saliente.
Los columnistas y comentaristas que se sumaron al ballet acuático argumentaron que Indira se estaba guardando el recurso, según ellos, para lucirse en su toma de posesión como la salvadora financiera del estado. Quisieron culparla de una situación que no provocó. Y llegaron al extremo de sugerir que Vizcaíno empezó a gobernar desde antes.
En realidad, no hubo siquiera transparencia ni información precisa sobre las condiciones económicas, de recursos humanos y materiales en las que habría de recibir la administración pública. Y, en esas circunstancias, era impensable que Indira avalara el cupón cero.
Hasta el lunes 1º de noviembre Vizcaíno Silva no empezó a ejercer dinero público. Lo que sí podía hacer era denunciar y objetar que el gobierno de Peralta comprometiera más todavía al erario, especialmente cuando los costos de esas decisiones iban a ser con cargo a la contabilidad del nuevo gobierno.

QUERÍA LAVARSE LA CARA:
Es claro que Vizcaíno Silva no estaba dispuesta a avalar el cupón cero, porque eso la habría convertido en obligada solidaria del manejo opaco que hizo Peralta a lo largo de su mandato.
Después de ver cómo Nacho usó discrecionalmente los recursos que el presidente López Obrador mandó para que se cubrieran sueldos, y la opacidad que mantuvo hasta el último minuto el equipo de Peralta en la entrega-recepción, ni el gobierno federal ni el gobierno electo tenían por qué ayudarle a JIPS a lavar su imagen.
Peralta habría querido mostrarse como el economista experto que logró enderezar las finanzas, tomando personalmente la tesorería después de la renuncia de su cuarta secretaria del ramo, Valeria Pérez Manzo, pero ese era el problema precisamente: lo poco confiable que resultó Nacho como administrador público.
Llamándose damnificado de la alternancia partidista, se fue JIPS sin comparecer siquiera ante el Congreso. Lo hizo Noriega en su lugar, con una soberbia que irritó hasta a los diputados del PRI.

LIMOSNEROS CON GARROTE:
De limosnero con garrote se puede calificar la actitud de la prensa nachoperaltista, cuando pretendió endosarle a Indira la responsabilidad de que el gobierno saliente no recibiera una última bocanada de aire.
El nado sincronizado nos quería vender la idea de que Nacho fue a Ciudad de México a destrabar el dinero, y que por eso no compareció ante el Congreso. Lo que no dicen es que eran recursos extraordinarios, ya que Peralta malgastó el presupuesto que le correspondía.
Indira no obstaculizó la entrega de recursos adicionales, simplemente se negó a responder por el uso que podría haber hecho JIPS del adelanto de participaciones.
Por más tremendo que suene el discurso en defensa de la burocracia y el magisterio estatal, gremios que se quedaron sin dinero para disfrutar del puente vacacional de la feria, no debemos perder de vista que el culpable de la situación que se está viviendo no es el presidente ni la nueva gobernadora sino José Ignacio Peralta.

ENRIQUECIMIENTO EXPLICABLE:
A partir del primer día de noviembre, Indira Vizcaíno responde por el ejercicio presupuestal. Mas no puede hacerlo sin antes ordenar una auditoría a profundidad que deslinde responsabilidades.
En el relato nachista, el escenario se descompuso con el arribo de López Obrador al poder, pero la pregunta que tendríamos que hacernos es cómo llegamos a una situación tan precaria en las finanzas públicas que, cuando el gobierno federal ya no quiso seguirle dando largas al esquema de corrupción y encubrimiento, literalmente colapsó la tesorería estatal.
El monto de las obras entregadas, entre ellas el Palacio de Gobierno restaurado, una alberca y la primera etapa del C-5i, no alcanza para explicar el gasto excesivo. El manejo financiero del peraltismo se caracterizó por desvío de recursos y evidente peculado. Bastaría comparar el patrimonio con el que terminan el sexenio quienes fueron los funcionarios del gabinete de Nacho, para deducir a dónde fue a parar el dinero que dejó de circular en Colima.

SE APUNTAN AL REPECHAJE:
Con nombramientos de última hora y muchos de ellos cuando ya esté corriendo el nuevo periodo constitucional, se va conformando la estructura operativa del gobierno de Indira Vizcaíno.
La indecisión de la mandataria mantuvo vivas las esperanzas de incorporarse a la administración pública en aquellos que sostienen la tesis de que Indira debe compartir el poder, es decir, entregar posiciones a quienes se opusieron a su arribo, como una forma de mandar un mensaje de unidad.
Otros que se sintieron aliviados al ver que se tardaban en nombrar mandos medios, fue el ejército de basificados que dejó Ignacio Peralta. Al rebajar a directores generales a jefaturas de departamento, el mandatario saliente no estaba protegiendo a esos servidores públicos de carrera que suponían una garantía de estabilidad administrativa, sino a los familiares, amigos y demás favoritos que representan la amenaza de continuidad de ese régimen prianista derrotado en las urnas.
La vieja clase política tiene la mira puesta en las delegaciones federales. Por eso no faltó quien dijera en la prensa que, con nombramientos acertados, se enmendarían las aparentes deficiencias del gabinete legal.
Los periodistas del nado sincronizado difundieron la noción de que los delegados tomarán posesión casi en sincronía con el nuevo gobierno estatal. Y, con filtraciones, se encargaron de dibujar los rostros de los mismos políticos a los que ya habían mencionado como potenciales secretarios de despacho. El nombre más conocido es Virgilio Mendoza, largamente candidateado a la delegación de la Secretaría de Bienestar.
Esto es parte de la campaña permanente en la disputa por los espacios. Al ver que no quedaron consideradas las figuras del régimen priista en el gabinete estatal, las apuntan para lo que miran como un repechaje federal.

URGE EL RELEVO:
Ciertamente la opinión de la gobernadora electa tendrá que ser tomada en cuenta en la reestructuración de la plantilla de representantes del gobierno federal en Colima. A cargo de varias de esas oficinas siguen encargados del despacho, cuya presumible lealtad está con el régimen peñanietista que los incorporó a esas dependencias. La sintonía entre los gobiernos de la república y del estado, requiere que los delegados federales en Colima estén claramente identificados con el proyecto de transformación.
No obstante, al puro estilo priista, aquellos cuadros que quedaron excluidos en la integración del gabinete buscan un nuevo acomodo, así sea el exilio, pero bien becado. Mas si Indira no permitió la inclusión de esos actores en el gabinete, menos va a abogar por ellos ante las secretarías de Estado o directamente con el presidente de la república. Seguramente no olvida a quienes no sólo la combatieron políticamente, sino que fueron promotores de toda clase de calumnias, hasta de índole personal.
Con qué cara les daría posiciones de equilibrio, cuando el presidente López Obrador tuvo que venir a rescatar al estado del quebranto financiero que causaron esos mismos grupos de poder. En realidad, la designación de su gabinete se explica por la necesidad que tenía la entonces gobernadora electa de contar con gente de extrema confianza para revisar las arcas públicas.

LA PUNTOTA DEL ICEBERG:
Asusta nada más ver la punta del iceberg en términos de deuda pública y pasivos con proveedores. Días antes de la toma de posesión, Indira Vizcaíno y su equipo de transición denunciaron no tener al alcance todos los datos pues, aunque les dieron acceso al sistema, no estaba cargada la información completa.
Para realizar la auditoría, el nuevo gobierno tendrá dos o tres meses. Y, sin duda, los asuntos que considere susceptibles los va a judicializar. La voz popular ha venido señalando temas como el C-5, pero son menos conocidos los vuelos que dejó sin pagar la secretaria de Turismo de Nacho Peralta: millón y medio de pesos en boletos para gente que no trabajaba en el gobierno.
Ahí entran desde invitados especiales a las fiestas del hoy exmandatario hasta trabajadores sexuales, como se reveló en el escándalo en la casa del extitular de la Sectur, Efraín Angulo, donde en el agasajo a dos escorts de alto perfil murió un menor de edad. El caso durmió el sueño de los justos en la fiscalía al mando de Gabriel Verduzco.
Hay millones de pesos más en gastos no aclarados, como asesorías vinculadas a la operación de factureras. Por más que hayan atrasado el proceso de entrega-recepción, una vez asumido el gobierno saldrá a relucir la información y tendrá que deslindarse la responsabilidad de quienes participaron en la quiebra que tan molesta tiene a la ciudadanía.
En toda la historia de Colima nunca se había presentado un escándalo de este nivel en la administración pública. Y eso ha puesto a la sociedad colimense en un dilema moral. No uno tan hipócrita como el del tío de Nacho, quien no dudó en afirmar que de haber sido él un auténtico vicegobernador, su sobrino habría terminado siendo tan buen mandatario como, según él, aquel otro que unos sexenios atrás lo convirtió en cogobernante.

EL FANTASMA DE TEXCOCO:
Después que Indira Vizcaíno balconeó el tema de la antigua zona militar en la calzada Galván, el consejo consultivo salió a los medios a decir que se iban a oponer a cualquier intento de privatizar ese espacio. Quieren congraciarse con la nueva mandataria, cuando a esos consejeros los nombraron para que legitimara un eventual proyecto de urbanización del predio.
Algunos de ellos fueron socios en otros negocios inmobiliarios de Nacho Peralta. Incluso actuaron específicamente como factureros, operando los retornos en el pago a contratistas y proveedores. Curiosamente, son los mismos que en el proceso electoral diseñaron y promovieron la campaña de infamias en contra de Indira.
Como sea, su inconformidad resulta ociosa, da lo mismo que firmen o no proclamas. Si algún interés hubo en privatizar el antiguo campo militar con el pretexto de abonar con su venta al fondo de pensiones, bastó una declaración de Indira advirtiendo que iban a investigar a los posibles compradores para que se frustrara la operación.
Pasará seguramente lo mismo con el libramiento carretero en la ciudad de Colima. Se hizo todo un diseño mediático para presionar al nuevo gobierno a continuar el proyecto en los términos que pactó Peralta. Pero ahí está el ejemplo muy claro de la cancelación del aeropuerto de Texcoco, para mostrar que todos los proyectos de infraestructura pueden revisarse en una transición sexenal.

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